viernes, 30 de agosto de 2019

MARÍA MARTICORENA

ARTE Y NATURALEZA
A propósito de
¿Por qué todos los capullos no se convierten en mariposas?
Performance de MARÍA MARTICORENA
Galería Manoloeirín.com
(Carballo, 30 de agosto de 2019)



A menudo andamos ciegamente porque los caminos por los que transitamos están marcados a fuego por el uso cotidiano y la costumbre en nuestra memoria. Un mundo unificado y petrificado que forma parte de un ADN vital aprehendido y revisitado acríticamente.

El mundo del arte, los terrenos creativos, la insatisfacción vital, los porqués y los cómos existenciales, deben escapar de esa rutina mental para poder ser creíbles. Desde el cuestionamiento naif de la comodidad hasta la reflexión sobre la duda más conspicua y razonada posible han de descargar sobre nosotros, sobre nuestra mentalidad y nuestra sensibilidad, una cantidad de electricidad tal que revolucione nuestras neuronas poniéndolas a trabajar a destajo.

Viendo hoy a Marticorena esperando, crucificada durante cuatro largas horas, la eclosión de esos capullos de mariposa monarca, me acordé, a modo de antítesis, de una obra de Isidoro Valcárcel Medina, artista reconocido y premiado, instalada en una exposición que ayude a montar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En una habitación con una mesa con mantel a cuadros medio raído y una vieja silla, al estilo de un comedor de pensión pobre de los años cincuenta, un plato de lentejas humeante esperaba a un comensal que no llegaría nunca.

Insisto en lo de antítesis porque contra lo caduco y mohoso de la obra citada, María se había convertido en el soporte natural humano de un advenimiento maravilloso. Su propio cuerpo desprendía la energía necesaria para que esas crisálidas se convirtiesen en mariposas. La imbricación entre la naturaleza y la acción humana convertida en un acto artístico sublime.



La apuesta innovadora de la Galería de Manuel Eirín haciendo posible esta Performance de María Marticorena aporta un nivel de exigencia creativa con el que es muy difícil de competir. No tiene nada que envidiar a cualquiera de las propuestas que hoy en día se hacen en los centros de referencia del arte contemporáneo.

No me considero un experto en la materia. Soy un observador que se conmueve ante la verdad, la integridad y la naturaleza de lo que ve. Y creo que hoy pude asistir a una experiencia artística en la que la provocación y el respeto por la naturaleza, la creatividad y el sentido de la pulcritud más revulsiva se daban la mano para dejarnos maravillados.

Hoy, que el Amazonía se quema, las diásporas humanas llenan el Mediterráneo de muerte y desesperación y las guerras económicas empobrecen cada día a más gente, entre otras muchas calamidades, ver a una crisálida convertirse en una delicada y bella mariposa en el lóbulo de María Marticorena invitaba a creer que este mundo en el que vivimos no está condenado a desaparecer. Una nueva suerte de Arca de Noé, de conciencia humana, en este caso, es posible. Quizás.

Mi sincera felicitación a María Marticorena y a Manuel Eirín.
Salud

SANTIAGO PAZOS


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