lunes, 7 de febrero de 2011

INFLUENCIAS

"Chatterton" de Henry Wallis (Tate Britain)


En la década de los ochenta, ya fuese por el idioma o por pasar un fin de semana en la ciudad más enrollada de Europa si no contamos al Madrid de la efervescencia libertaria y Tiernosocialista, viajaba a Londres una o dos veces al año. Y siempre, desde el primer viaje, mi primera visita a la que sucederían casi tantas como días permaneciese en esa ciudad, era a la Tate Gallery (ahora Tate Britain).
Empezaba en la sala de Rothko, seguía con Turner, y con prisas entraba en la sala de los Prerrafaelistas. Primero saludaba a “Ophelia” de Sir John Everett Millais, y ya más tranquilo me paraba y dejaba correr el tiempo ante “Chatterton” de Henry Wallis (obra que podéis admirar en la imagen).
Había algo en esa bella palidez, en ese frasco de arsénico abandonado sobre la tarima (luego me enteré que quizás el arma de su suicidio fuese una sobredosis de opio), en esos manuscritos hechos trizas y en ese ventanuco abierto sobre los tejados londinenses, que me quedaba paralizado ante el cuadro. No sentía ese suicidio como una tragedia, tampoco con Rothko, para mí no era más que el plácido sueño que sigue a un cansado viaje. Algo tendría que ver que mi generación, la de la movida madrileña, la de la transición democrática, la del descubrimiento de las drogas y del sexo libre, no vivía con la intención de hacerse mayor. Todo lo que significase juventud era sacralizado. Lo viejo apestaba. ¡Bastantes años habíamos vivido ya bajo el yugo vetusto de la dictadura!
Las consecuencias posteriores de apurar el tiempo hasta quemarnos las pestañas las conocemos todos y no es el tema que me ocupa ahora.
Es difícil encontrar publicada alguna obra de Chatterton, quizás en alguna antología de poesía inglesa, pero su vida es tan rica que podemos leer un montón de cosas sobre él. Por ejemplo el “Bartleby” de H. Melville, y en la Wikipedia tenéis más información si os interesa. Sobre el autor del cuadro poco tengo que decir, creo que la sombra del modelo resultó demasiado alargada.

Santiago Pazos

No hay comentarios: